martes, 17 de mayo de 2011

Buenos Aires, Capital mundial del libro 2011

¡Los libros son para mirarlos, estúpido!

Cuenta la leyenda que miles obreros decidieron empeñar sus días en construir una Torre que llegara al cielo. La llamaron Babel. En asambleas, decidían los pasos a seguir, discutían la forma de construir cada peldaño. Un día Dios al enterarse de lo que estaban haciendo gestó un plan macabro: les dió a cada obrero un idioma difrente para que no pudieran entenderse nunca más y así dejar de edificar los escalones que los llevarían al cielo.
La Ciudad de Buenos Aires fue elegida por la UNESCO como capital del libro 2011. Por este motivo, el Jefe de Gobierno de la Capital,  Mauricio Macri, le encargó a la artista Marta Minujín una obra que fue expuesta en el Parque San Martín, centro simbólico de los deseos de una antigua oligarquía (*) argentina que le hubiera gustado nacer en París pero lo hicieron en las orillas del Río de la Plata.

La torre de Babel de Marta Minujín está repleta de libros, es un laberinto de cientos de textos antiguos y nuevos que se presentan en bolsitas de plástico para que no se arruinen. Buenos Aires capital del libro, una obra dedicada a la lectura con ningún espacio donde poder leer. Una buena metáfora de lo que la cultura significa para las clases adineradas pero ignorantes.

La torre de Babel como el monumento a la lectura con el mismo nombre fueron creadas en definitiva para poder verlas, lucirlas y mirarlas. Ahora bien, el compratir la lectura, las experiencias que surgen de leer un buen relato, los disparadores personales que se despliegan cuando el lector se enfrenta a textos que se vuelven trascendentales, bien gracias.

(*) enlace con una prequeña imagen de nuestra realidad nacional

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