jueves, 16 de junio de 2011

En el Camino de Jack Kerouac

El andar de un beatnik hasta la adaptación hollywoodense


La obra monolítica de uno de los autores más famosos de la cultura estadounidense contemporánea cae en las garras de la industria del cine. La desesperanza y la búsqueda de un futuro en un mundo convulsionado vuelve a tocar nervios sensibles en la cultura occidental en medio de una crisis económica y social que no tiene fin a corto plazo.




Estados Unidos tiene varios problemas y por consiguiente, gracias a su asoladora y forzada influencia, lo tiene el resto de Occidente. Problemas económicos, problemas sociales, problemas políticos, por nombrar algunos. El discurso oficial de potencia hegemónica se convulsiona como ya lo ha hecho varias veces antes. No obstante, esta vez es su propia obra, su propia crisis la que convulsiona al mundo y no hay enemigos para señalar y culpar. Es en estos tiempos que vuelve a la industria cultural la historia de On the Road de Jack-Louise Kerouac. La historia de un par de amigos, un disparador y un disparado pues siempre uno impulsa al otro y llegado al momento lo abandona, que deciden cruzar las rutas a lo largo de Estados Unidos y México.

La adaptación estará dirigida por Walter Salles y protagonizada por Sam Riley como Sal Paradise, Garret Hedlund como Dean Moriarty, Kirsten Dunst como Camille, Kristen Stewart como Mary Lou y Viggo Mortensen como Old Bull Lee. Es probable que los beatniks nunca hubiesen imaginado verse tan bien en la pantalla grande. Con físicos envidiables cuasi publicitarios. Material para Levi's o alguna oferta de "estilo de vida" en forma de un par de jeans o zapatillas o relojes o anteojos o....

Burroughs, Ginsberg y Kerouac son tres leviatanes que pesan sobre la cultura posmoderna. Fueron parte de una ruptura social y cultural que abrió un camino, el mismo que Sal Paradise y Dean Moriarty van construyendo a lo largo de su paso por Nueva York, San Francisco, Texas y estados de México como Nuevo León, Tamaulipas y el Distrito Federal. Esa búsqueda, ese frenesí (que fue expresado y sellado como marca y promoción primero cultural y luego comercial como Beatnik), esa urgencia de cambio y quiebre, lleva al lector a desear vivir algo parecido.

La película a cargo de Salles buscará crear un efecto parecido. Llena de rostros hollywoodenses, la adaptación llega en un momento de nuevas rupturas y nuevas búsquedas. No obstante, no todos los cambios son iguales ni las fracturas culturales son similares. Más que inspirar deseo o cambio, el camino que recorre la cultura estadounidense (que desde 1950  inspiró cosas más parecidas al hiperconsumismo y el Plan Cóndor en Latinoamérica con perlitas conceptuales como el neoliberalismo y la muerte de las ideologías) es de empobrecimiento conceptual, he ahí 98% de la producción hollywoodense para probarlo, y desenfreno no lúdico sino económico y lobbista.

La espera de la película, que en este momento se encuentra en post producción, enfrenta el gusto por una obra y su sentido social. Lo que significó y en lo que se ha convertido a la luz del presente, ignorado futuro de su escritor y sus personajes. Queda en los lectores y amantes del cine dilucidar si se respeta la ruptura profética de los vagabundos estadounidenses que la generación Beat representó o si se adaptó de forma hollywoodense (adjetivo o eufemismo que el cronista deja abierto al lector).

Tal vez Salles debería crear un guión inspirado en la obra de Kerouac pero convirtiendo a los personajes de Paradise, Moriarty, Marx y Old Bull Bill en jóvenes mochileros que se convirtieron en banqueros y se encargaron de hipotecar al mundo para después prenderle fuego.

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