miércoles, 22 de junio de 2011

La Ciudad entre rejas


Pasear por el Parque Rivadavia da cierta melancolía, como cuando recorremos lugares donde alguna vez  amamos a alguien que ya no está, espacios donde uno se siente apresado y donde fue libre. Hace un tiempo la Ciudad de Buenos Aires (Telerman comenzó la tarea) decidió que había que preservar el espacio público, así que le puso rejas a todo, tal como habían hecho en Londres. Importaron los parques encerrados en vez de permitirle a la gente apropiarse de la poca libertad que quedaba: estudiantes comprando libros usados para leerlos bajo los árboles, mateadas cuando comenzaba a oscurecer . Los miedos logran encasillar, mirar el alrededor con desconfianza para involucrase nada más que en uno mismo.
           
En cualquier momento del día se puede acceder al parque  a través de cuatro entradas. Dos que se sitúan sobre la calle Rosario, y las restantes sobre la avenida Rivadavia. Ahora bien, dos de los accesos dan directamente al césped, mientras que el resto,  a la zona donde están los puestos donde se  venden libros, discos, películas, etc. Las rejas encierran el parque pero no en su totalidad .Porque lo que importa es preservar el verde recién regado y los bancos sin escrituras, entonces aquella zona que tanto caracteriza a este lugar, la de puestos , claro, pareciera sostenerse en el desamparo.
Esta soledad es compartida por muchos de los que antes frecuentaban este lugar. Horarios restringidos para transitar, actividades permitidas y prohibidas. Constantes  policías de civil que observan, recordando que la mochila siempre debe ir bien agarrada y que el celular conviene no mostrarlo. Entonces, las rejas primero son impuestas por un modelo que obliga a sentir inseguridad, y luego son aceptadas por individuos temerosos.  Enorme lástima esa de pretender preservar el césped del Parque Rivadavia mientras perdemos la posibilidad de disfrutarlo en su inmensidad. ¿No hubiera sido mejor contratar 5, 10, 15 personas que cuiden el parque? Qué importa ya.
En pocos días, se decidirá el futuro político de la Ciudad. Ojalá que las cámaras de seguridad y la multiplicación de rejas no sigan siendo uno de los condimentos principales de la gestión. En fin, ojalá que Mauricio Macri   vuelva a la empresa.

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