miércoles, 1 de junio de 2011

Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo...

Gastón Duprat y Mariano Cohan , los creadores de "El hombre del lado"insisten en dejar al espectador embestido de sensaciones ambiguas. Ese límite entre la realidad y la ficción se desarma cuando directores como ellos pretenden que,  quien se enfrente a sus filmes se sienta identificado por cercanía o  por desprecio.

El personaje que desarrolla Emilio Disi es Ernesto, un agente inmobiliario pronto a jubilarse e inmerso en una vida insignificante hasta que un día un hombre le propone viajar en el tiempo y vivir de nuevo su juventud durante diez años. Tiempos paralelos, caminar unos pocos metros para comprar cigarrillos en el tiempo real mientras en su pasado transcurre una década, a  cambio de un millón de dólares.

Ernesto intentará pedirle disculpas a su madre antes de morir, crear el primer Gran Hermano y hasta tener relaciones con Cristina Fernández de Kirchner antes de que se case con el ex presidente. Todo será en vano, hasta su propio suicidio. El destino siempre es el mismo, la decadencia y  la inoperancia acompañarán a este personaje a pesar de las segundas y terceras oportunidades.

Avanza la película y el espectador comienza a sentirse interpelado. Las butacas suenan porque no hay posiciones cómodas ante un filme que devela lo patético de una persona que tiene una vida similar a la de tantos otros. Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo molesta que Ernesto se parezca a eso que no queremos ser, a lo que queremos escapar pero que a veces termina siendo inmanente a nosotros mismos.

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